En “Querido país de mi infancia”, la socióloga Hélène Gutkowski (Francia, 1940) reúne la conmovedora historia de sobrevivientes judíos que, siendo niños y adolescentes durante la ocupación nazi en Francia, fueron protegidos de la persecución por familias e instituciones y pudieron emigrar a la Argentina y reiniciar sus vidas.

La obra, publicada por Libros del Zorzal, cede la voz a los que en esa tragedia ocurrida durante la Segunda Guerra Mundial vieron morir a sus padres víctimas del terror; a niñas que limpiaron letrinas a cambio de protección y alimento; o a los que durante mucho tiempo imaginaron que su padre había sobrevivido a la guerra, hasta que cincuenta años después confirmaron que había muerto.

Algo de todo este drama rozó la historia de Gutkowski, detalla la agencia Télam. Pero, como ella dice, tuvo “suerte” porque no perdió a sus familiares. Cuenta que a los dos años y por seguridad sus padres la entregaron a un matrimonio católico, mientras ellos huyeron hacia el sur de Francia -libre de la ocupación nazi- y dos años después se reencontraron. “Soy una sobreviviente, pero hasta los 57 años no me había preocupado por saber mucho más de lo que sabía, me enteré tarde, cuando ingresé a un grupo de personas que siendo niños habían sobrevivido al Holocausto tanto en Francia como en otros países”, revela.

- ¿Cuándo tuvo conciencia de la muerte de niños y adolescentes durante el nazismo?

- Creo que hasta el día de hoy me cuesta entender que hubo un millón de chicos muertos: lo digo, lo repito cuando hablo en colegios, en entrevistas, pero internalizarlo es muy difícil. Los niños fueron el blanco principal de los nazis, porque la denominada solución final era terminar con la raza judía.

- El libro hace eje en la gente que ayudó a salvar a los niños.

- Lo que nos queda a los sobrevivientes es poder hablar de la gesta salvadora porque hubo mucha gente en todos los países que ayudó, y porque sin esa ayuda hubieran llegado a exterminar a un pueblo. Este es mi caballito de batalla porque fui salvada de esta manera, al igual que mis compañeros, y creo que es un ejemplo que hay que dar a las nuevas generaciones: inculcarles que aún en las peores condiciones hay que buscar la manera de ayudar al otro.

- ¿Qué rol cumplieron distintas organizaciones en la salvación de los niños durante la Segunda Guerra?

- A mí siempre me gusta mencionar que con el libro entendí todo lo que hicieron los judíos para salvar a otros. La organización francesa Obra de Socorro a los Niños, que se ocupaba de la salud de los niños pobres, cuando estalló la Segunda Guerra siguió ocupándose del tema y comenzaron a crear redes de salvación. Es impactante cómo judíos en peligro se las arreglaron en las narices de los nazis para ayudar. En esos años obligaron a los judíos a estar bajo una sola institución, la Unión General de los Judíos de Francia, supervisada por los alemanes, y ellos se las arreglaron para crear oficinas paralelas para darles comida a los niños, ocuparse de su salud y lograron sacar a chicos de París y los llevarlos a casas de campo que habían pertenecido a nobles y las transformaron en viviendas más sencillas para albergarlos, porque la mayoría no tenía a sus padres o estaban detenidos. Esto pudieron hacerlo hasta julio del 42, y cuando sucedió la gran redada en Francia arrestaron a la gente que cuidaba a los niños. Esas casas se cerraron y entonces los maestros y alumnos más grandes empezaron a buscar cómo proteger a los niños y así se salvaron 60.000 chicos entregándolos a familias católicas que vivían en las zonas rurales.